Admitilo hermano, nos falta mucha pasta para lograr manejar los hilos de este manicomio.
¿Quién te crees que sos? Yo, soy el director y tu serás siempre el telonero que corre por los pasillos buscando su medicina. Un shock eléctrico para este cuerpo que cae en el claustro de la habitación 23.
Estás solo, recordando, quién fuiste...
La señora del Abasto se acordó aquella tarde para llevarte un pedazo de misericordia, rezó por tus ojos perdidos y la asesinaste.
¿Sabes para que vine hoy? Para recordarte cuantos dias te quedan.

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