Te diste cuenta de quien eras, abriste la puerta de tu manicomio. ¿Dónde estoy?
En la habitación 24. Estas esperando que alguien se acuerde de tu existencia.
¿Vas a llorar otra vez? Tu gran debilidad fue creerte invencible. Sabes que todo fue una gran mentira y no pudiste sostenerla ni un día más. Quisiste escapar, y ahora estas lejos de todo. Estás encerrado viendo todos los días la misma ventana donde nadie pasa y ella es una pregunta. ¿que estará haciendo ahora?
Pero no te preocupes, que afuera seguro está pensando en vos.
Yo te pienso a cada minuto, mujer, deseo esas noches donde eras mi reina, y te quedabas dormida sobre mi pecho mientras acariciaba el suave tacto de tu hombro. Me despierto en este encierro maldiciéndome, no tengo nada más que mi ropa, mi cuaderno y una lapicera que a veces escribe líneas y luego las borra. Y aspira líneas y descubre que es veneno, locura, perdición y lo repite convencido y la amo, la deseo su aroma, su aliento, el gusto de su boca, su lengua y la saboreo pensado, que si la tuviese ahora, no podría dejar de besarla, lentamente, sentirte mía, mujer, que me sientas entero y te recuerdo mujer esas piernas, esos pechos, tus formas moviéndose en mi cuerpo, te seo, quiero salir de este cuarto y encontrarte, quiero que estés conmigo, necesito verte, ahora y no puedo salir, la mandíbula se traba, escupo, respiro, siento furia, fuego y tormenta. Llueve.
En la habitación 24. Estas esperando que alguien se acuerde de tu existencia.
¿Vas a llorar otra vez? Tu gran debilidad fue creerte invencible. Sabes que todo fue una gran mentira y no pudiste sostenerla ni un día más. Quisiste escapar, y ahora estas lejos de todo. Estás encerrado viendo todos los días la misma ventana donde nadie pasa y ella es una pregunta. ¿que estará haciendo ahora?
Pero no te preocupes, que afuera seguro está pensando en vos.
Yo te pienso a cada minuto, mujer, deseo esas noches donde eras mi reina, y te quedabas dormida sobre mi pecho mientras acariciaba el suave tacto de tu hombro. Me despierto en este encierro maldiciéndome, no tengo nada más que mi ropa, mi cuaderno y una lapicera que a veces escribe líneas y luego las borra. Y aspira líneas y descubre que es veneno, locura, perdición y lo repite convencido y la amo, la deseo su aroma, su aliento, el gusto de su boca, su lengua y la saboreo pensado, que si la tuviese ahora, no podría dejar de besarla, lentamente, sentirte mía, mujer, que me sientas entero y te recuerdo mujer esas piernas, esos pechos, tus formas moviéndose en mi cuerpo, te seo, quiero salir de este cuarto y encontrarte, quiero que estés conmigo, necesito verte, ahora y no puedo salir, la mandíbula se traba, escupo, respiro, siento furia, fuego y tormenta. Llueve.
