domingo, 10 de enero de 2010

Sobre la locura.

Te diste cuenta de quien eras, abriste la puerta de tu manicomio. ¿Dónde estoy?
En la habitación 24. Estas esperando que alguien se acuerde de tu existencia.
¿Vas a llorar otra vez? Tu gran debilidad fue creerte invencible. Sabes que todo fue una gran mentira y no pudiste sostenerla ni un día más. Quisiste escapar, y ahora estas lejos de todo. Estás encerrado viendo todos los días la misma ventana donde nadie pasa y ella es una pregunta. ¿que estará haciendo ahora?
Pero no te preocupes, que afuera seguro está pensando en vos.
Yo te pienso a cada minuto, mujer, deseo esas noches donde eras mi reina, y te quedabas dormida sobre mi pecho mientras acariciaba el suave tacto de tu hombro. Me despierto en este encierro maldiciéndome, no tengo nada más que mi ropa, mi cuaderno y una lapicera que a veces escribe líneas y luego las borra. Y aspira líneas y descubre que es veneno, locura, perdición y lo repite convencido y la amo, la deseo su aroma, su aliento, el gusto de su boca, su lengua y la saboreo pensado, que si la tuviese ahora, no podría dejar de besarla, lentamente, sentirte mía, mujer, que me sientas entero y te recuerdo mujer esas piernas, esos pechos, tus formas moviéndose en mi cuerpo, te seo, quiero salir de este cuarto y encontrarte, quiero que estés conmigo, necesito verte, ahora y no puedo salir, la mandíbula se traba, escupo, respiro, siento furia, fuego y tormenta. Llueve.

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